Última Hora | Eduardo Burgos “deja definitivamente” los banquillos como entrenador de baloncesto

Durante los dias pasados convaleciente en la clínica he pensado detenidamente sobre mi etapa como entrenador de baloncesto y he tomado la decisión de dejar definitivamente los banquillos, todo lo que empieza acaba y próximo a cumplir los 63 años creo que ya he cumplido con creces, el primer equipo que entrené fue en la temporada 1972-73 y desde entonces ha llovido lo suyo.
Aunque no voy a estar sentado en un banquillo, seguiré  ligado al mundo del baloncesto escribiendo artículos desde mi Blog Viveelbasket (ahora con mas tiempo disponible), colaborando con la web del Infierno Cordobés (Basket Universal), viendo todos los partidos que pueda en vivo y por Televisión, dando charlas y ponencias cuando se me solicite y si se da el caso de comentando técnicamente partidos por canales locales de radio o TV.
No he sido un entrenador famoso pero si un currante a destajo, tengo una amplia trayectoria en equipos de formación (fundamentalmente en Maristas de Córdoba, mas de veinticinco años), en equipos femeninos (Magisterio sénior), en Primera Nacional (La Carlota, Pozoblanco y Maristas) y en Liga EBA (Peñarroya y Pozoblanco), categoría que en el año 1995-96 cuando entrenaba a Pozoblanco equivalía a la LEB Oro actual. Esta última temporada he entrenado al equipo senior masculino de La Rambla, aunque no he podido terminar el año por mi contratiempo circulatorio, quiero agradecer  también desde aquí a Juan Cruz (su Presidente), a la directiva y a todos los jugadores lo bien que se han portado conmigo, deseándoles que acaben la temporada con todos los éxitos posibles de la mano de su nuevo entrenador Paco Vilches.
He vivido de todo en este tiempo, como entrenador de baloncesto he disfrutado al máximo. En los entrenamientos siempre he estado mas a gusto que un «marrano en un charco», porque me encanta entrenar, esas maripositas de ver como tus jugadores crecen y progresan son impagables, ese sabor a néctar cuando metes ejercicios nuevos y ves como funcionan, ese subidón cuando inventas y creas un ejercicio o sistema de ataque, esa adrelanina cuando consigues inculcar máxima agresividad defensiva a tus jugadores, ese casi tocar el cielo cuando consigues un título o un ascenso, esa alegría de que con el paso de los años te encuentras con jugadores a los que has entrenado y que te recuerdan lo que les ayudastes en su formación como jugadores y personas, la cantidad de amigos que se hacen en este mundillo de tu propio club, de los rivales, de los que te encuentras en los Clinics, etc, todas estas cosas forman un bagaje tan amplio y exquisito, que elevan a la máxima expresión la aventura de ser entrenador de baloncesto.
Por supuesto que también he pasado por temporadas malas, en el banquillo se tiene mucha presión (la tensión emocional se dispara) y se sufre mas de la cuenta, especialmente si eres demasiado responsable, meticuloso y detallista. Un entrenador está sometido a un entorno que no es fácil de manejar, padres/madres, la afición, la directiva, los medios de comunicación, a veces los propios jugadores (no es raro contar con alguien que está a disgusto en un momento dado y que en los momentos malos suelen sacar su cabeza), etc. El entrenador es un gestor de emociones y como ser humano que es siente y padece (para lo bueno y para lo malo), se da cuenta de todo lo que le rodea pero aunque en determinados momentos nos entran ganas de coger a alguien por el pecho y cantarles las cuarenta, tenemos que mirar por la armonia y el equilibrio emocional dentro del equipo y saber gestionar este tipo de situaciones de la mejor forma posible, siempre siendo justos y aplicando el sentido común.
Por encima de todo en esta despedida del baloncesto activo, quiero hacerlo quedándome con lo bueno que es mucho en esta profesión. Gracias sin excepción a todos los jugadores y jugadoras que han pasado por mis manos porque sin ellos sería imposible haber estado tanto tiempo al píe del cañon, gracias a todos los clubes y sus directivas por los que he pasado y gracias a todos mis compañeros (rivales y no rivales) de los que siempre he aprendido y que me han hecho crecer como entrenador, no solo en los partidos con sus recursos estratégicos y tácticos, sino también con esas tertulias con una cervecita de por medio en las que tanto se aprende y que son auténticos Clinics. Gracias a todas las aficiones de los clubes que he entrenado y gracias al gremio arbitral al que siempre he intentado respetar y aunque por momentos hayamos tenido discrepancias, he tratado de valorar su trabajo y lo difícil que es llevarlo a la práctica.
No quiero que nadie de mis amigos se molesten si no los cito en esta despedida (tendría que escribir innumerables nombres), pero no quiero olvidarme y citar a mi amigo Antonio Millán que fue la persona que me introdujo en este mundillo del baloncesto (mi primer entrenador) y al recordado José Luis Reyes «El Pipa» que me ayudó a elegir ser entrenador.
Sigo en contacto con todos y con mas ganas si cabe de publicar artículos a través del blog. Muchas gracias.

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