Jesús, el judío

Israel siglo I, año 30 ó 35 de nuestra era. En aquel momento Israel era un territorio más del imperio romano gobernado por lo hijos de Herodes el Grande, Herodes Antipas y Arquelao, excepto Palestina que era provincia romana desde la destitución de Arquelao en el año 5 d.C. El emperador Tiberio (14 al 37 d.C.) nombro gobernador de Palestina a Poncio Pilatos en el año 26 d.C. Era una época tumultuosa y de continuos conflictos. Los judíos veían a los romanos como invasores y opresores. A pesar que se les dio libertad para reunirse y celebrar sus actos religiosos, los romanos eran unos extranjeros para ellos y los consideraron siempre como los enemigos, los invasores de la tierra prometida, la tierra del rey David. Aquí ejerció sus enseñanzas Jesús de Nazaret, como un fariseo más. Los fariseos, eran en este tiempo los maestros de la Ley y de la religión judía y eran llamados por sus seguidores maestros (Rabí en hebreo), coexistían por todo Israel, y cada uno de ellos tenía sus propios discípulos y seguidores. Cuando se encontraban en el mismo lugar luchaban verbalmente por dar veracidad de su interpretación de la Ley de Moisés. Ellos aplicaban a la vida cotidiana lo escrito en las sagradas escrituras, lo que nosotros conocemos por el antiguo testamento. Estos libros contenían, para el judío de esta época, su forma de gobierno y su religión. Podemos decir sin equivocarnos que el libro sagrado o Pentateuco (los cinco libros compuestos por Moisés), regían la vida política y religiosa del siglo I. Jesús era un judío practicante y muy devoto, ¿Cómo, sino, enseñar a sus compatriotas a comprender los libros sagrados del judaísmo? Hacer notar en este punto que cuando Jesús predicaba por Israel y más concretamente en Jerusalén el cristianismo no se había ni tan siquiera gestado. Él no podía ser cristiano porque ni existía este movimiento, ni lo fundó, ni se apartó, en ningún momento, de la religión judía y murió alabando a su único Dios, Yahvé.

Por lo tanto ya tenemos un dato claro, Jesús de Nazaret era judío y perteneciente a los maestros de la Ley, los fariseos.

Claro que dicho esto os preguntareis ¿Por qué se critica a los fariseos en el Nuevo Testamento siendo Jesús uno de ellos? La respuesta está, como siempre en la historia. Sabemos por Flavio Josefo (Historiador judío del siglo I) y más concretamente por sus escritos, Antigüedades de los judíos y la Guerra de los judíos, que estos se alzaron en armas contra los romanos en el año 66 d.C. Esta guerra que duro hasta el año 70 d.C. fue una guerra sangrienta y desmesurada, la máquina de guerra romana aplastó a los rebeldes judíos. Los romanos comandados por el futuro emperador Tito, arrasaron Jerusalén en el más amplio sentido de la palabra, destruyeron el templo y, según nos cuenta Josefo los crucificados en las afueras de Jerusalén se podían contar por miles. Los romanos destruyeron todo lo que significaba judaísmo. A partir de este momento, los judíos se quedaron sin su simbología religiosa y sin su poder político, prácticamente estaban aniquilados.

A partir de esta guerra, los nuevos movimientos religiosos empezaron a engendrarse, siempre separándose de los judíos por temor a la máquina de matar romana. Y en este momento, aproximadamente en el año 71, se escribió el primer evangelio, el evangelio según San Marcos. Escrito por autor o autores que desconocemos. El autor de este evangelio, posiblemente fue seguidor o discípulo de Pablo de Tarso por su tradición en la institución de la eucaristía (Ver carta de San Pablo a los 1 Corintios 11, 23-26). Bajo esta perspectiva, el autor de evangelio de Marcos se alejaba de la religión judía, pero sin perderla. Es lo que llamamos el judeocristianismo. Había que reinventar la religión judía. Una religión que atrajera los gentiles y a los perdedores de la gran guerra del 66 d.C.

Los siguientes evangelios según San Mateo y San Lucas son una copia con añadidos de este primero de Marcos. Estos evangelios se escribieron en torno al año 80 el de Mateo y en torno al año 90 el de Lucas. Por tanto ninguno de los autores de los evangelios convivió, ni conoció a Jesús de Nazaret. Todo lo escrito en ellos puede que sea un tratado teológico para dar arranque a una nueva concepción de la religión, basados todos en la llamada fuente Q. Escrita hacia el año 50 d.C. y que de forma sinóptica nos describe las palabras de Jesús en su predicación y enseñanzas judías. 

Y por ultimo nombrar el evangelio según San Juan, este no tiene nada que ver con los anteriores y nos presenta a un Jesús místico que nos lleva al conocimiento gnóstico. Así comienza: “En el principio estaba la Palabra, y la palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Esta estaba en el principio con Dios. Todo surgió mediante ella, y sin ella nada surgió. En ella había vida, y la vida era la luz de los hombres; y la luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la atrapó.”(Juan 1, 1-5). Esta clara alusión a la gnosis (conocimiento en griego) no la reconocimos hasta encontrar los manuscritos de los evangelios apócrifos (prohibidos por el canon) en Nag Hammadi en 1945. A partir de las traducciones y puesta a disposición de los estudiosos, pudieron darse cuenta que no solo existieron los cristianos que se anunciaban en los evangelios de los cuatro evangelistas impuestos por el canon, si no que existieron varias ramas de lo que llamamos cristianismo, y los gnósticos eran otro grupo, bien formado y estructurado de entre los primeros cristianos. Estos manuscritos, en su mayoría, escritos en copto (dialecto griego) y enterrados por estos cristianos por el temor a que fuesen quemados por los otros cristianos vencedores, han sobrevivido tal y como lo escribieron en el siglo II hasta nuestros días sin ninguna injerencia de los poderes eclesiásticos. Por lo tanto son textos que debemos tener muy en cuenta a la hora de estudiar la génesis del cristianismo.

Más tarde, aproximadamente, en 1975 un pastor egipcio encontró uno de los manuscritos gnósticos más importantes, el evangelio de Judas. Donde Judas aparece como el elegido por Jesús, su discípulo más cercano y el que llevo a cabo el deseo de Jesús, sacrificar su carne para devolver su “Luz” al lugar de donde había partido.

Tanto en los evangelios canónigos como en los apócrifos, los autores tratan de que sus seguidores se alejen de los sacerdotes y maestro judíos, dando un sentido nuevo a las palabras de Jesús. Con críticas hacia los fariseos, con críticas a los sacerdotes judíos- esto llevo en demasiadas ocasiones a los cristianos al antisemitismo-. Tal es el caso que en todos los evangelios se nos dice que a Jesús lo juzgaron los poderes judíos, representados por el sanedrín y que fueron los sacerdotes judíos los que lo apresaron.”Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo celebraron un consejo contra Jesús para condenarlo a muerte; y tras encadenarlo lo llevaron y entregaron a Pilatos el procurador” (Mt. 27, 1-2) (Lc. 22, 1-2). Los estudiosos coinciden todos, en que Jesús fue juzgado y condenado a muerte en la cruz por los romanos como rebelde judío. Tengamos en cuenta que Poncio Pilatos representaba al imperio romano y cualquier resquicio de insurrección era castigado con dureza y con la muerte en la cruz del cabecilla del movimiento. Este fue el caso de Jesús, todos sus seguidores lo llamaban salvador y liberador del pueblo judío de la estirpe del rey David. Para los romanos era suficiente para condenarlo a muerte en la cruz. 

Dicho esto, entraremos en el personaje principal de esta historia, Jesús de Nazaret. Y en concreto en la semana de la pasión. Dejen que antes les haga una breve alusión a su nacimiento y en concreto a la fecha se su nacimiento. La tradición nos dice que Jesús de Nazaret nació el 25 de diciembre del año 1. ¿? Leyendo los evangelios nos encontramos, que en el evangelio según Marcos no se nos hace alusión alguna al nacimiento de Jesús, el primer dato dentro de los evangelios lo encontramos en Mateo: “Y nació Jesús en Belén de Judea en tiempos de Herodes…” (Mt. 2,1). Si analizamos la historia y sobre todo los libros procedentes del imperio romano (Flavio Josefo), podemos observar que Herodes el Grande murió en el año 4 a.C. Si además contamos que después del nacimiento de Jesús Herodes encargo la matanza de los santos inocentes, se calcula que lo haría, al menos dos años antes de su muerte, a este dato debemos unirle que según la tradición el año en que nació Jesús no cuenta para en cómputo de los años de nuestra era (el llamado año 0). Si contamos los años perdidos vemos que Jesús de Nazaret nació en el año 5/6 a.C. Sólo comentaros esta cuestión para darnos cuenta de los errores, intencionados o no, de los evangelios.

Los cuatro evangelios los debemos leer desde un punto de vista histórico y teológico. Los cuatro evangelistas nos posicionan, históricamente, en un lugar concreto de Israel aunque cada uno nos da fechas distintas para el mismo acontecimiento (como veíamos con el nacimiento de Jesús). Pero sobre todo son tratados de teología donde los autores querían dar sentido a la nueva y naciente religión. En ellos encontramos multitud de alusiones a pasajes del antiguo testamento. Cuando Jesús entraba en Jerusalén: “Y los que iban delante y los que seguían gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” (Mc. 11, 9) Encontramos esta misma frase en el libro de los Salmos (118, 26).

Debemos entender, después de lo visto y estudiado en los evangelios canónicos  que son la teología de los seguidores de la nueva concepción religiosa, de la nueva sexta judía.

Permitirme una reflexión. Muchos autores han afirmado que Jesús de Nazaret no existió, si no que fue una creación de los primeros cristianos que sustituyeron figuras relevantes, como Mitra o Apolonio de Tirana por la persona de Jesús de Nazaret. Este, aunque no carece de razón no es del todo cierto. Sabemos que este personaje existió gracias a Flavio Josefo donde en su obra Antigüedades judías nos dice:

“Por ese tiempo existió Jesús, un hombre sabio. Era, en efecto, hacedor de obras extraordinarias y maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a sí a muchos judíos y también a muchos griegos. Aunque Pilato, por denuncias de los hombres principales entre nosotros, lo castigó con la cruz, no lo abandonaron los que desde el principio lo habían amado. En efecto, todavía ahora sigue existiendo la tribu de los que por éste son llamados cristianos” (Libro XVIII Cap.63-64). 

Una vez situados en el contexto histórico de Israel en el siglo I, y dado por hecho que Jesús de Nazaret existió en este momento me centraré en el personaje en sí.

Según nos dicen los evangelios, Jesús comienza su andadura como predicador y maestro a partir de ser bautizado por Juan el Bautista (Marcos 1, 9-14) (Mateo 3, 13-17) (Lucas 3, 21-22). “Y Jesús tenía, cuando comenzaba, treinta años…” (Lucas 3, 23). Esta es la primera polémica teológica que se nos plantea. ¿Cómo Jesús siendo Hijo de Dios necesitaba ser bautizado, purificado? Es la primera evidencia de que Jesús era un hombre. No un hombre cualquiera sino un discípulo de Juan Bautista. Conocedor de los textos antiguos, de la magia, de cómo curar o sanar; y por su puesto el preparado por Juan el bautista para ser su sucesor. Él sería el Cristo (el ungido), el mesías que derrotaría a los romanos por su injerencia en la tierra prometida.

Jesús lejos de ser un creador de religiones, fue un creador de una ideología política de alzamiento contra los romanos. Esta idea política creada por Juan el Bautista y continuada por Jesús fue la que desencadeno el alzamiento de los judíos contra los romanos en el año 66 d.C. Los seguidores de Jesús, el Cristo, revolucionaron el concepto de rebelión. Para ellos las palabras de su Maestro resonaban continuamente, la salvación del mundo estaba en sus manos, la ira hacía los extranjeros también.

 

Bibliografía: Flavio Josefo, Antigüedades judías, Edición de José Vara Donado, Ediciones Akal, 2009.

Antonio Piñero. Israel Año I. Ediciones del Laberinto, 2008.

Gonzalo del Cerro, Eugenio Gómez Segura, Fernando Bermejo, Antonio Piñero, Francisco García Bazán,  José      Montserrat y Antonio Martínez Castro. Todos los Evangelios. Ediciones Edaf, 2009

 

 

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