La Rambla vibra de emoción con el profundo Pregón del IV Centenario de Nuestro Padre Jesús Nazareno en palabras de Salvador Ruiz Pino

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Amargura de La Rambla celebró el pasado viernes 28 de enero el Pregón del IV Centenario de la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús, dentro del programa de actos de este 400 aniversario que gira en torno a la concesión por el Papa Francisco de un Año Jubilar.

El encargado de pregonar este histórico acontecimiento fue el hermano nazareno D. Salvador Ruiz Pino, de amplio bagaje cofrade y gran devoción al Señor del Espíritu Santo, como él mismo lo definió en un pregón vibrante de emociones que surgían de lo más profundo de su corazón nazareno.

El templo jubilar del Espíritu Santo reunió a la Junta de Gobierno de esta Hermandad con su hermano mayor a la cabeza D. Antonio Raúl Raigón, al consiliario y Párroco de Ntra. Sra. de la Asunción Rvdo. Sr. D. José Ángel Arévalo Erencia, al delegado Diocesano de Liturgia M.I. Sr. D. Manuel María Hinojosa Petit, al alcalde de La Rambla D. Jorge Jiménez y miembros de la Corporación Municipal, así como a los hermanos mayores de las distintas corporaciones rambleñas.

Tras las oraciones dirigidas por el consiliario, el Hermano Mayor introdujo el acto y presentó al insigne pregonero. “Abrimos este IV Centenario como un año de júbilo que nos regala el Señor; 400 años de su llegada a La Rambla, un aniversario con un sentido muy especial”, dijo.

En palabras del D. Antonio Raúl Raigón, estos cuatro siglos han llevado a lo más alto la devoción y la forma de creer, que solo se entiende si se entiende la historia de un pueblo que vive siempre mirando hacia el Señor y cuya verdad se esconde entre los muros de un camarín donde Él vela por nosotros.

Esta hermandad no conmemora solo una efeméride histórica y artísticas sino la recepción de un don actuante y vivo, pronunció el Hermano Mayor, “por ello una celebración de esta importancia debía tener un pregón y un pregonero a la altura”.

D. Salvador Ruiz Pino nació en Córdoba y creció en Montilla. De padres rambleños lleva muy a gala sus raíces rambleñas y el sentir nazareno. Además de su amplio currículo formativo y profesional como profesor en varias instituciones, con diversas responsabilidades en la Diócesis de Córdoba entre las que se encuentra la Dirección de Cáritas Diocesana de Córdoba, fue pregonero de la Semana Santa de La Rambla en 2015. Cofrade en diversas corporaciones en Córdoba, Montilla, Montoro y La Rambla, su máximo referente es la Madre Teresa de Calcuta y las Misioneras de la Caridad.

En su presentación el Hermano Mayor vaticinó “un pregón vívido, sentimental, aguerrido, valiente, sincero y completo; el orador sabe lo qué dice y cómo lo dice, y por encima de todo con hondo sentimiento, Fe y devoción”. El resultado final superó con creces las expectativas de los presentes e inundó de fervor nazareno a La Rambla.

El pregonero inició su alocución recordando “la última vez que lo vimos caminando entre nosotros”, el 28 de septiembre de 2019 cuando volvía a su templo tras participar en la Magna Exposición Nazarena Por tu Cruz redimiste al mundo en la Catedral de Córdoba y en el Triduo de Acción de Gracias en la Parroquia rambleña. “Quién iba a imaginar entonces que el Señor nos estaba preparando para lo que vendría, cuando todo el pueblo lo acompañaba y presumía de Él en el primer templo de la Diócesis”, pregonaba y recordaba a todas las personas que se han ido y a las que han sufrido duramente durante esta pandemia. En su recuerdo invitó a los presentes a guardar “un breve momento de recuerdo agradecido”.

TODO PASA, ÉL PERMANECE

Dió lectura el pregonero a parte de la escritura firmada en abril de 1621 “donde el presbítero rambleño afincado en Sevilla D. Alonso Ecijano, en nombre de D. Juan de Escamilla por poderes otorgados ante el escribano público de La Rambla D. Pedro de Castro y tres testigos el 7 de marzo, comprometen a Juan de Mesa y Velasco a realizar la hechura del Nazareno para la Cofradía de la Iglesia del Espíritu Santo (que existía desde al menos 1603) por el precio de ochenta ducados”, expresó el pregonero. “No fue hasta el 4 de marzo de 1622 cuando se entregó la imagen, que llegaría a La Rambla hace ahora cuatrocientos años”.

“Todo pasa menos Él. El mundo gira, los hombres nacen y mueren, las naciones se alzan y caen, pero Él permanece porque es Verdad Eterna. Los que estuvieron pasaron, como nosotros pasaremos, pero Él se queda, y con Él quedamos y quedaremos todos”, decía Ruiz Pino en su pregón.

Un texto cargado de versos de una dulcísima finura y sentimiento sincero hacia el Señor de La Rambla, y con recuerdo a las generaciones de rambleños que han vivido junto a Él a lo largo de estos 4 siglos. No dejó escapar la celebración de otros aniversarios cofrades que los rambleños vivirán en este 2022, y buscó amparo en la Inmaculada Concepción, patrona de La Rambla junto a San Lorenzo Mártir.

Dedicó un amplio texto a profundizar en “la Cruz del Señor, verdadera y excepcional joya de la platería del Nuevo Mundo, es uno de los atributos del Nazareno que quizá más llama la atención a los muchos que se acercan a conocerle a Él y a su historia devocional” desde que llegara a La Rambla en febrero de 1727. También destacó en su alocución al Viernes Santo imaginando “cómo fue esa vez primera en que Nuestro Padre Jesús caminó junto a los hijos de este pueblo el 25 de marzo de 1622. ¿Qué sentiría el corazón de aquel rambleño que por vez primera lo cargó sobre sus hombros?”, dijo.

Y finalizó un profundo pregón ensalzando la esperanza y la gracia de vivir un Año Jubilar Nazareno. “Después de 400 años de devoción y Fe la Iglesia Universal reconoce que la Gracia de Dios ha estado con nosotros a través de su presencia centenaria y ha concedido este Año Jubilar del que disfrutamos desde el pasado 6 de enero”.

Y un anhelo estuvo presente en la boca del pregonero. “De nosotros depende que esta devoción de hoy, que está inscrita en el corazón de la historia de este pueblo con tinta divina e indeleble, no se pierda y continúe cuatrocientos años más”. Inculcó como obligación de todos los hermanos de la cofradía “garantizar que la fe y el amor a Jesús Nazareno que nos legaron las generaciones previas se mantenga, crezca y se difunda en las generaciones que vienen”. Además de vivir la liturgia animó a todos a “ponerse su túnica cada Viernes Santo para alumbrarle el camino y acompañarle mientras está en la calle, a subir esta calle del Espíritu Santo para encontrarse con Él todo el año”, dijo.

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